¡Haz el trabajo!

25 septiembre, 2018
El oficio del actor es ciertamente complicado. ¡Incluso los propios actores lo son! Dejando a un lado la precariedad laboral y los vaivenes mismos de la profesión, al actor suelen asaltarlo la duda, la inseguridad y la urgencia. Decía Sanford Meisner que “son necesarios 20 años para llegar a convertirse en actor” y no hay actor consagrado que no coincida con tan “desalentadora” afirmación. Leonardo Di Caprio, por ejemplo, destaca siempre la importancia de la preparación y aconseja a los aspirantes a actores que acudan a clases de interpretación y aprendan.

¡Haz el trabajo!

La importancia de hacer

El oficio del actor es ciertamente complicado. ¡Incluso los propios actores lo son! Dejando a un lado la precariedad laboral y los vaivenes mismos de la profesión, al actor suelen asaltarlo la duda, la inseguridad y la urgencia. Decía Sanford Meisner que “son necesarios 20 años para llegar a convertirse en actor”. Y no hay actor consagrado que no coincida con tan “desalentadora” afirmación. Leonardo Di Caprio, por ejemplo, destaca siempre la importancia de la preparación y aconseja a los aspirantes a actores que acudan a clases de interpretación y aprendan.

El oficio del actor es ciertamente complicado. ¡Incluso los propios actores lo son! Dejando a un lado la precariedad laboral y los vaivenes mismos de la profesión, al actor suelen asaltarlo la duda, la inseguridad y la urgencia. Decía Sanford Meisner que “son necesarios 20 años para llegar a convertirse en actor” y no hay actor consagrado que no coincida con tan “desalentadora” afirmación. Leonardo Di Caprio, por ejemplo, destaca siempre la importancia de la preparación y aconseja a los aspirantes a actores que acudan a clases de interpretación y aprendan.
Y cuando el actor –finalmente- acude a clases de teatro también aparece la urgencia, el deseo de atraparlo todo en unas pocas sesiones y catapultarse al estrellato. Desafortunadamente, ese camino no suele hacerse tan rápido y la frustración y el desánimo aparecen. Para Meisner “la mayoría de los actores simplemente quiere ser famoso”. Y lo tenía muy claro: “ser actor no tiene que ver con la fama y el dinero”.
Sí, el oficio del actor también exige esto. Te pide tanto como le pide al gimnasta, al escultor o al arquitecto. Como decía mi maestro Larry Silverberg en sus clases, “como en cualquier oficio, el verdadero aprendizaje ocurre únicamente mientras se hace y con tiempo”. La técnica Meisner es un entrenamiento a largo plazo que se asienta, precisamente, en esa premisa: la realidad del hacer. Esta idea, la del hacer, es complicada de explicar en unas pocas líneas pero para un actor debe ser el auténtico fundamento de su trabajo: no fingir que se hace, sino hacer.

Y cuando el actor –finalmente- acude a clases de teatro también aparece la urgencia. Ese deseo de atraparlo todo en unas pocas sesiones y catapultarse al estrellato. Desafortunadamente, ese camino no suele hacerse tan rápido y la frustración y el desánimo aparecen. Para Meisner “la mayoría de los actores simplemente quiere ser famoso”. Y lo tenía muy claro: “ser actor no tiene que ver con la fama y el dinero”.

 

De hecho, su técnica requiere de esfuerzo, dedicación y… tiempo. Tanto tiempo como el que llevó a Elioud Kipchoge a pulverizar el récord del mundo de maratón en 2018. ¿Acaso alguien cree que con correr unos cuantos kilómetros a la semana le han bastado a este atleta para alcanzar semejante hazaña? Pensemos en otras disciplinas, como la música o la pintura. ¿Cuántas miles de horas de trabajo dedicaron a su oficio Haendl o Picasso?

Sí, el oficio del actor también exige esto. Te pide tanto como le pide al gimnasta, al escultor o al arquitecto. Como decía mi maestro Larry Silverberg en sus clases, “como en cualquier oficio, el verdadero aprendizaje ocurre únicamente mientras se hace y con tiempo”. La técnica Meisner es un entrenamiento a largo plazo que se asienta, precisamente, en esa premisa: la realidad del hacer. Esta idea, la del hacer, es complicada de explicar en unas pocas líneas pero para un actor debe ser el auténtico fundamento de su trabajo: no fingir que se hace, sino hacer.

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